Conmemoran 75° aniversario de la Pascua de Mons. Juan Subercaseaux en La Serena

Este miércoles 9 de agosto se cumplieron 75 años del fallecimiento de quien fuera Arzobispo de La Serena, Mons. Juan José Subercaseaux Errázuriz. Y es que tras un lamentable accidente automovilístico en un camino interior, cercano a Condoriaco, cuando cumplía su servicio pastoral de acompañar a los trabajadores de la mina Villarica, perdió la vida tras una falla mecánica en los frenos del vehículo en que se transportaba. Es por ello que en la ocasión, la cripta donde descansan sus restos mortales en la Catedral de La Serena, se mantuvo abierta a los feligreses que quisieron rendirle un homenaje.

En este sentido, el P. Alex Pizarro, Vicario de Pastoral de la Arquidiócesis, y quien presidió la santa Misa en memoria de Mons. Subercaseaux, manifestó que “es un gran legado que nos dejó en tan poco tiempo. La gente que estuvo en aquellos años lo recuerda con enorme cariño, y a través de ellos, las nuevas generaciones se han hecho consientes de su nombre, quien fue el segundo Arzobispo de La Serena, consolidando el Arzobispado en su mandato. Él marcó una generación, generó documentos, y nos dejó una gran tarea pastoral con su ejemplo“.

Cabe recordar que en octubre de 2016 fue restaurado el memorial en honor al fallecido Arzobispo, gracias a la gestión de minera San Gerónimo. Es por ello que hoy se encuentra en el lugar una cruz blanca, la que es visitada por feligreses, visitantes y mineros que pasan por el recóndito lugar.

Juan Arancibia, encargado de Propiedades y Archivo del Arzobispado, expresó el motivo por el que este Arzobispo quedó tan marcado en la retina de los feligreses de la zona. “Él fue un Arzobispo muy querido por su cercanía, trasladándose por todos los rincones de la arquidiócesis para entregar su mensaje. Eso es algo que la gente hasta el día de hoy valora, ya que a pesar de los difíciles traslados, siempre estuvo entregado completamente a su labor de pastor”.

Vida de una vocación 

Juan Subercaseaux Errázuriz, hijo de Ramón Subercaseaux Vicuña, diplomático de carrera y embajador de Chile en la Santa Sede por más de dos décadas, y de la escritora Amalia Errázuriz Urmeneta, cuyo nombre se recuerda en un establecimiento católico de la ciudad de Ovalle. Fue educado en una familia profundamente católica y estudió en el prestigioso colegios jesuita “San Ignacio”, desde donde pasó directamente al Seminario Mayor de Santiago para continuar con su formación. Recibió su ordenación presbiteral el 3 de abril de 1920 y, tras 15 años, lo nombraron Obispo de la Diócesis de Linares, en donde trabajó durante cinco años, para luego ser trasladado a la Arquidiócesis de La Serena a principios de 1940. Asumió oficialmente como Arzobispo el 9 de abril de aquel año, en medio del reconocimiento de los feligreses.

 

       



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