Editorial: 11 de septiembre de 1973

“Allende está muerto, se suicidó”, decía en inglés el general Patricio Carvajal tras informar por radio militar la muerte del Presidente, el 11 de septiembre de 1973.

Hace 44 años, la democracia del país se vio violentamente quebrada con el golpe cívico militar que lideró la CIA de Estados Unidos a través del general Augusto Pinochet. Todo en medio de la llamada Guerra Fría entre el gobierno norteamericano y la Unión Soviética.

Así se bombardeó el Palacio de La Moneda, las Fuerzas Armadas apuntaron hacia los propios chilenos. Hubo muertos, heridos y comenzaron los detenidos desaparecidos que hasta la fecha muchos siguen en esa condición sin que miles de familias puedan cerrar las heridas o el proceso de luto que tantos años les ha devorado la vida.

Quienes defienden el golpe señalan que Salvador Allende llevaba al país a su decadencia máxima y que el desabastecimiento causaba hambruna, versus la opulencia de los amigos del mandatario. Se iba directamente hacia una dictadura marxista.Quienes lo rechazan, en cambio, indican que todo fue artificial en un clima creado mañosamente para desestabilizar al gobierno socialista que estaba liderando una revolución de izquierda, inédita, en paz.

Seamos claros. Más allá de las posiciones, si se quiso evitar una dictadura de izquierda lo que se logró fue otro tipo de dictadura, una destinada a instalar un sistema capitalista  a sangre y a perpetuidad.

A 44 años de aquel día en que todos los poderes del Estado pasaron a una Junta de Gobierno de militares asesorados por civiles, y a casi 28 años desde recuperada la institucionalidad democrática, la polarización del país aún no logra aplacarse.

Ha transcurrido ya toda una vida y pese a ello aún los ex comandantes en jefe y los suboficiales mayores en retiro amenazan en cartas con frases tales como “el león está despertando”. Todo porque se anunció el cierre de la cárcel privilegiada de Punta Peuco donde están algunos de los violadores de los derechos humanos. Piden ley de punto final.

No faltará quienes se molesten con este comentario. Dirán que hay que dar vuelta la página. Que lo que pasó, pasó y pasado pisado. Pero hay muchos más que entienden que ningún país del mundo puede avanzar sin historia, sin pasado resuelto y sin un presente que hasta el momento sólo ha dado muestras de miopía extrema.

El país no puede seguir tratando de ocultar el sol con un dedo. No se puede. Porque aunque no lo veamos, el sol siempre estará. Y ese estar es la conciencia que a estas alturas debiese haber dado hace rato muestras de arrepentimiento de todos los sectores y hasta hoy no las hay. Mientras exista soberbia. Mientras veamos como a un enemigo a destruir a quien piense distinto, este Chile seguirá en la inmadurez del error y con inclinaciones al horror. Debemos madurar y comenzar en serio a construir el país que queremos pero esta vez para todos y con todos. 11 de septiembre, una fecha para reflexionar.

 

       



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