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Columna: Impacto antrópico y consumismo alimentario

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Se entiende como Impacto Antrópico al impacto producido en el ambiente debido a las actividades propias de la actuación del hombre. La problemática ambiental presenta dentro de sus múltiples facetas dos aristas importantes: el manejo irracional de los recursos naturales y un manejo inadecuado de los residuos generados por los diferentes procesos antrópicos1.

Debido a los acontecimientos medioambientales ocurridos recientemente, es que se hace necesario poner aún más el tema en boga, porque no basta con ser partícipe de la difusión de información en redes sociales pues se necesita que la población comience a actuar en pro del cuidado del planeta. Muchos se escudan bajo el pretexto de “Una basura más, una basura menos”, “no saco nada con hacer algo si los otros no lo hacen” o “de algo hay que morirse” sin pensar en la consecuencia que tiene cada acto, considerando que, según Greenpeace Chile, Chile es el país sudamericano que más basura genera con cerca de 456 kilogramos per cápita. De esta manera, cada chileno produce 1,25 kilógramos de basura al día, lo que representa más de 21.000 toneladas a nivel nacional2.

Múltiples medidas se han ido tomando desde hace unos años a fin de minimizar este impacto antrópico, una de ellas es la eliminación de bolsas plásticas del comercio, ya que en el año 2017 se estimó que 2.100 toneladas de bolsas eran utilizadas en un mes y que entre el 60-80% de estas terminaba en el mar. Actualmente somos testigos de la reducción de estas en supermercados y retail, pero el problema no acaba ahí, pues el consumismo alimentario en el que estamos inmersos continúa utilizando un sinfín de plásticos para nuestra alimentación. Recorra un supermercado y vea la cantidad de este; fruta sin cáscara en vaso plástico, comida lista para el consumo en envase de plumavit y verduras en papel film son algunas ¿Y esto por qué? Porque la industria busca facilitarnos la vida y nosotros somos peces fáciles de pescar, porque es verdad, comprar una bolsa de verduras picadas listas para cocinar nos ahorra mucho tiempo a nosotros… pero ¿Y al planeta?

Nuestro peor error es usar indiscriminadamente un material tan duradero para objetos desechables. El plástico es un material que el planeta no puede digerir, este tarda cientos de años en descomponerse, hasta 1.000 años según el tipo de plástico. Por ejemplo, en verano 500 cc de agua que trae una botella plástica nos dura menos de 1 hora, pero esta tarda unos 500 años en descomponerse, si lo llevamos a cifras mundiales las consecuencias son catastróficas3.

Otro punto importante de abordar es sobre las Pérdidas y Desperdicios de Alimentos (PDA). Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), se estima que América Latina pierde o desperdicia hasta 127 millones de toneladas de alimentos al año, siendo más prevalente en frutas y verduras (55%), raíces y tubérculos (40%) y pescados y mariscos (33%). En Chile se estimó un desperdicio promedio de 63,3 kg de pan por familia al año y un 53% del total de merluza capturada. La relevancia de las PDA radica en el gasto y/o recursos utilizados para la producción sobre todo de energía y agua, lo que con lleva también a un desgaste del suelo en el que se cultivan miles de frutas y hortalizas. Para el año 2007, el total de alimentos desaprovechados a nivel mundial habría supuesto, mediante su producción agrícola, una huella hídrica cercana a los 250 km, equivalente a la recarga anual del Acuífero Guaraní4, una de las mayores reservas de agua dulce del mundo.

Con los antecedentes expuestos anteriormente sumado a los desastres naturales que vemos a diario, es momento de empoderar nuestra consciencia ecológica y trabajar para minimizar el cambio climático, sobre todo por el periodo de sequía en el que se encuentra la región. Podemos comenzar por evitar productos listos para el consumo, picar frutas y verduras en casa y almacenarlas en el congelador, comprar lo justo y necesario para generar menor desperdicio, separar la basura para que sea reciclada, portar una botella de agua reutilizable y/o un vaso térmico, olvidarnos de las bombillas plásticas, de las bolsas de nylon y especialmente, olvidarnos de los productos desechables.

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Columna: Salgamos de la tomas en La Serena

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Sin duda una de las principales aspiraciones de cualquier familia es contar con un hogar donde vivir. El sueño de la casa propia es colectivo, tener un lugar seguro donde hacer familia y criar a los hijos de forma protegida.
Cada día vemos en La Serena nuevas construcciones de edificios y casas, los barrios y poblaciones cada vez llegan a lugares que hasta hace pocos años eran sitios eriazos. Sin embargo, este crecimiento raudo tiene otra cara en la moneda: aún muchas familiar no viven bajo un techo seguro donde cobijarse.

En Chile existe un déficit de más de 300.000 viviendas y lamentablemente nuestra ciudad no es ajena a ello. Un reportaje de Diario El Día investigó sobre la “Toma de Las Compañías”, donde se afirma que hay cerca de 2.000 personas viviendo ahí, sin dejar pasar la situación del Comité de vivienda de Caleta San Pedro que también ha sido noticia en los últimos días.

Aunque no nos guste la idea que llegando al 2020 tenemos estas problemáticas en nuestra ciudad, debemos afrontarlas y darle solución urgente.

La tarea que está realizando el Ministerio de Vivienda y el SERVIU de dar solución a los distintos comités que existen es loable, sus equipos técnicos están recorriendo cada rincón y las autoridades están en terreno. Sin embargo, erradicar las tomas en forma definitiva exigen un compromiso mancomunado de todos los actores regionales.

La clave está en lo que hace algunos meses indicó el Ministro Alfredo Moreno en “Compromiso País”: instaurar una fórmula donde el mundo privado y el público se asocien para sacar adelante a los sectores más vulnerables. Si los privados se comprometen con esta tarea y disponen de recursos para conseguir terrenos cuyo destino sean la integración social, mientras las autoridades municipales se ponen como meta dar seguridad a esas familias, sumado a los esfuerzos que está realizando el gobierno actualmente, los resultados serían óptimos.

La labor que realizan las ONG como “Techo” deben seguir promoviéndose; en el siglo XXI es la sociedad civil la que está llamada a buscar soluciones. Jesse Norman en, quizás, su libro más célebre lo dijo: ¡No es capitalismo ni comunismo, es la Gran Sociedad!

La Teletón es el ejemplo a seguir, un país entero se une para sacar adelante a los niños que han nacido o sufrido durante sus vidas alguna discapacidad física. Es hora de tomarnos la falta de vivienda en serio, como Gran Sociedad debemos ayudar a los que no tienen hogar en nuestro país y porque no partir por primera vez en regiones, en nuestra ciudad y de ahí al resto de Chile.

Por: Marcelo Gutiérrez, Licenciado en Ciencias Jurídicas y Diplomado en Derechos Humanos ULS

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Columna: Dignidad en la locomoción de La Serena

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Conocidas son las largas filas de espera para las personas que usan la locomoción colectiva para trasladarse a distintos puntos de La Serena. Sin duda los más afectados han sido quienes viven en el sector de Las Compañías, caso que ha sido difundido ampliamente por los medios escritos.

El diagnóstico técnico es claro pero no suficiente: la espera de horas es mucho más que tiempo. Estamos acostumbrados a levantarnos temprano en la mañana y trabajar hasta muy tarde, llegar a nuestras casas cuando ya está oscuro y el cansancio aparece. Dicen que “tiempo que se va no vuelve” y cae como anillo al dedo en este caso… Hacer esperar a la ciudadanía en la calle, es quitarle horas de compartir con la familia, estar con los hijos, hablar con nuestras parejas y descansar. Si logramos reducir las horas de esperas, estamos entregando dignidad y tiempo de calidad a las familias.

Es imperativo planificar cuanto antes las calles de La Serena para recibir a la cada vez más grande flota de automóviles particulares, además de incentivar la cultura de la bicicleta, iluminar nuestras calles para que los paraderos sean más seguros y mejorar la calidad de las micros.

Cada vez hablamos más que la conurbación La Serena-Coquimbo se ha convertido en una metrópolis, entonces debemos comportarnos y pensar como tal. Es imposible transformarnos en una ciudad moderna si pensamos que somos la misma ciudad que hace 20 años atrás. Modernidad y tradición pueden estar en armonía.

El presidente Piñera ha sido certero al hablar de Familia y Ciudad en los Ministerios de Desarrollo Social y Vivienda respectivamente. Ahora, es tarea nuestra hacerlo realidad y devolverle la dignidad a los serenenses.

Por Marcelo Gutiérrez G, Licenciado en Ciencias Jurídicas y Diplomado en Derechos Humanos ULS

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Columna: Recuperemos la serenidad y urbanismo de La Serena

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Hace unos días, el Seremi de Vivienda anunció la reparación de casas que sufren de plagas como las termitas, son casas que se encuentran en el casco histórico de nuestra ciudad. Son buenas noticias, ya que refleja el espíritu del MINVU de sacar adelante el concepto de Ciudad.

La recuperación de los barrios en La Serena, es de suma importancia para devolver la dignidad a las familias, cuando se mejoran las fachadas de las casas, se limpian las calles y se crean espacios de áreas verde, lo que se hace es otorgar calidad de vida a las personas. 

El objetivo es simple, que todos podamos usar nuestra ciudad de manera libre, que los niños puedan jugar sin problemas, los adultos paseas y disfrutar el producto de años de esfuerzo, ya que adquirir una vivienda no es fácil, todo lo contrario es sinónimo de ahorro y esfuerzo.

No son pocas las inmobiliarias que día a días construyen más y más casas, lo que está muy bien, pero en La Serena, deberíamos además poner ojo y exigir de manera firme que los barrios más antiguos sean mejorados totalmente.

El encanto de nuestra ciudad viene de su estilo colonial y no debemos renunciar a ello, la modernidad puede convivir con las tradiciones, los nuevos edificios pueden adaptare a los calles del centro, podemos darle un nuevo giro a los sectores aledaños que actualmente son residenciales pero poco a poco se abren paso a las necesidades de servicios.

Para poder vivir en armonía y desarrollar en serio los conceptos de dignidad, seguridad y belleza, debemos planificar hacia los próximos cien años, no podemos esperar que los nuevos avances tecnológicos, la explosión demográfica e incluso la desertificación nos pille desprevenidos.

Somos la segunda ciudad más antigua de Chile, conocida y distinguida.  La tarea que está realizando el Ministerio de Vivienda debe ser replicada y multiplicada por todos.

Por Marcelo Gutiérrez G., Licenciado en Ciencias Jurídicas y Diplomado en Derechos Humanos ULS.

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